Hace como 3 años que no me consentía con media docena de tacos sudados, con la salsa en el frasco atado a la bici y un Jarritos de tamarindo

Joaquín López-Dóriga (@lopezdoriga  I   Periodista

Nuevo Laredo Tamaulipas, México

El espejo onírico de la política

Cuando Martha Marmolejo formaba parte importante del gobierno municipal presidido por Horacio Emigdio Garza Garza, en Nuevo Laredo, me hizo ver con doctoral diagnóstico: “Quítese ese lunar”. Le respondí de inmediato: “No me interesa, en lo absoluto, mejorar mi apariencia”. Dejó entonces el tono amigable, para advertirme: “No se trata de estética. Pudiera ser maligno”.
Asustado fui a ver a Armando Garza Díaz, quien se ha ido especializando y adquiriendo más y más conocimientos en su dominio profesional, con quien aprendí lo que hasta entonces ignoraba.
Después de extirpar el lunar obvio, le siguió con su bisturí-escardillo, sintiéndome instado a prevenirle con premura: ¡Nada más un lunar, doctor!
Sonriendo me aclaró, haciéndome saber lo que yo desconocía: “Tiene muchos. Lo que pasa es que usted no se mira en el espejo como las mujeres... Ellas se observan centímetro a centímetro. Los hombres no”.
Don Alberto, a su manera, festinó mi respuesta a un prieto adonizado, quien me espetó la frase ridícula, propia de mujeres y nunca de varones: “No sea usted celoso”. Lo vi despectivamente, antes de fulminarlo con dos preguntas sincronizadas: ¿Qué le pasa? ¿No hay espejos en su casa?
Yo vi a tiempo, con bastante antelación, antes del descalabro electoral, “la ridiculez de colocar en el centro del universo femenil, al dirigente estatal del PRI, Lucino Cervantes”.
Aún no se apergaminan, ni se vuelven amarillas las hojas del Líder Informativo y de El Expreso de Ciudad Victoria, donde apareció mi objeción.
Ante la inocultable molestia del primer priista del estado, como llaman los profesionales de la laudatoria al gobernador, Egidio Torre Cantú, todos se hacen cruces hoy; todavía; algunos porque lo ignoran; quienes sí se dieron cuenta, porque no les conviene tocar el tema, porque primero piensan en ellos, que en la necesidad de abrirle los ojos a la sociedad tricolor.
Lo que ayer fue júbilo, hoy es hilarante recuerdo de un error del tamaño de una catedral.
Tomaron un rumbo desconcertante que, al menos a mi, me llamó muchísimo la atención, por lo cual vertebré un artículo para dejar constancia de mi parecer, de mi punto de vista, de mi apreciación y, si a usted le parece bien, hasta mi desconcierto. 
Con un narcisismo incoherente, al dirigente del PRI considero, juzgó soberbia la idea de celebrar el mes de la mujer con un hombre, uno solo, como heliocentrismo del universo femenil.  A mi me pereció mucha la soecidad, esa insolencia de mostrarse como nón, único, rodeado de mujeres. “49 mujeres y un hombre”, es una falta de respeto a las mujeres, sobre todo, cuando se trata de exaltar su participación cívica, su importancia política, su majestad y señorío manejando el hogar y dirigiendo una familia.
Está escrita mi indignación, en ese entonces, con anticipación, como un preludio de lo que iba a suceder.
“El PRI no es un sultanato. Las mujeres del PRI no son odaliscas”.
Hay espejos en la casa de Lucino. Los tiene en la recamara y en el baño. Debe haber en la sala. En todos los sanitarios de las oficinas particulares u oficiales, hay espejos. Se ve en ellos. Es posible que se contemple.
Entonces, uno se pregunta azorado y sorprendido: ¿Qué le hizo creerse Narciso mítico; reencarnación de Valentino, o gemelo de Clooney?
Ese lunes 2, con las campanas de la euforia a vuelo o doblando a duelo por un descalabro previsto por quienes tuvimos el acierto de advertir a tiempo, lo mismo a chifladitos que a cuerdas del maquiavelismo:
Las tamaulipecas, están con Josefina.
No pueden solidarizarse con feos, que se creen Adonis.

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