Opinión
Nuevo Laredo Tamaulipas, México.

Escenarios

Miguel de la Rosa

 

Los efectos
y las causas

Durante cuatro días seguidos, el presidente mexicano Felipe Calderón Hinojosa convocó a la sociedad civil, a la clase política y connotados ciudadanos, a debatir en el marco del Diálogo para la Seguridad, sobre la conveniencia o no, de permitir el uso de las drogas al ciudadano de a pie, esa persona, como usted y como yo, que hace uso de un derecho natural para hacer de sí mismo lo que se le plazca.
Visto de esta manera simplista, quizá se tenga razón, sólo que sucede un hecho digno de tomar en cuenta, ese que todos sabemos que cuando alguien entra en contacto con sicotrópicos, su cuerpo y mente entran en un estado ajeno al “normal”, por citarlo de alguna manera.
Cuando una persona decide infiltrar su cuerpo con un narcótico, entra en dos problemas serios, uno de carácter legal y otro de salud. El primero, por la legislación vigente, que prohíbe el uso y consumo de estupefacientes, con el ánimo de proteger a la misma sociedad de cualquier agresión que, se supone, pudiera realizar el farmacodependiente en contra de la misma. Y el segundo, el de salud, donde el Estado se ve obligado a destinar fuertes cantidades de dinero hacia instituciones gubernamentales para atender a personas con este tipo de complicaciones.
El gran problema es que el adicto a las drogas, término que se usa para no manejar el peyorativo “drogadicto”, se vuelve una inconveniencia social. Primero porque no produce y segundo porque tiene un costo que se grava en el presupuesto.
Entonces, el Estado decide “inteligentemente” enfrentar el problema tratando de aniquilar los efectos en lugar de las causas.
Inmediatamente después, monta una gran parafernalia publicitaria, donde además de promover la salud ciudadana, se promociona como un gobierno socialmente responsable, término que se usa mucho actualmente en la jerga empresarial, para proyectarse como inversionistas comprometidos con el entorno y con la comunidad.
El asunto es que más allá de ser un problema de consumo de estupefacientes, es que tenemos una grave dificultad en el terreno educativo, verlo de otra manera es tratar de tapar el sol con un dedo.
Debo reconocer que existen otros distinguidos ciudadanos que difieren de esta forma de ver el problema. Por citar un ejemplo, el premio Nobel de Economía de 1976, Milton Friedman, personaje que he citado en varias ocasiones, es el fundador de la Escuela de Chicago, capital y cuna de nuevo concepto económico que reina en el mundo actual: el libre comercio. Este importante señor escribió junto con su esposa Rose, un libro trascendental e influyente durante la segunda mitad del siglo pasado intitulado La libertad de elegir, donde se pronuncia por eliminar al Estado como impulsor de la economía doméstica y sugiere, sino es que exige, que se promueva el libre mercado en el mundo, para así aliviar todas las penas y desigualdades de la humanidad.
De esta forma, en una entrevista que concede en 1991 en el Foro Mundial sobre la Drogas, recomienda que se legalice el uso de los alcaloides para liberar el precio y así evitar que existan tantos vendedores. El enunciado es simple con respecto a quienes la venden, de quienes dijo que “son empresarios, emprendedores. La gente que lleva el tráfico de drogas no son distintos del resto, excepto en que tienen más iniciativa empresarial y menos preocupación por dañar a otros. En ese sentido, son más irresponsables. Pero tienen un negocio y tratan de obtener tanto como pueden”.
Esgrime que durante la era de la prohibición del alcohol en el primer trimestre del siglo pasado, se adulteraba el vino y esto causaba muchas muertes y que a pesar de la vigilancia del gobierno, la corrupción prevaleció entre policías y políticos y el alcohol nunca dejó de venderse clandestinamente ni mucho menos de existir, sólo que se daba a precios exorbitantes debido precisamente a la prohibición.
Basado en ese pronunciamiento, se ha desatado una corriente mundial que cree fielmente que legalizando el uso de las drogas, es la manera más simple de contrarrestar los devastadores efectos del consumo masivo y que de esa forma se evitaría el uso de drogas.
En Holanda, concretamente en Amsterdam, su capital, se ha legalizado el uso de las drogas suaves, es decir la marihuana principalmente. En voz del embajador de ese país en México, advierte que el consumo no se ha disparado, que se ha recluido a tiendas “shop” su consumo, pero que sí ha aumentado el “turismo de drogas”, o lo que es lo mismo, muchas personas de países vecinos donde está prohibido el uso de estupefacientes, van con gusto a la ciudad de la vitrinas a darse un buen paseo y un mejor pase.
Ahora sabemos que existe una verdadera fuerza social que puede cambiar el estado de cosas. Bien basta con señalar la presión de los grupos a favor de la libertad sexual que se impusieron sobre los homofóbicos, ahora que la Suprema Corte de Justicia de la Nación sostuvo la legalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo.
México, a iniciativa del presidente Felipe Calderón, entró de lleno al debate de este tema.
Insisto, el gran problema del uso de las drogas es educativo. Sólo falta que el Presidente se decida cuando abordarlo desde este punto de vista.

 
 
 
 
 
 

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