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Plus Ultra
Juan Pérez Ávila
“You’re cordially not invited”
La caricatura, muestra el carácter estadounidense ante una de las familias prominentes: “Clinton wedding. Guest list: Top secret”.
Está en las portadas de todos los cotidianos en USA. Ella sonriente, con la misma actitud de todas las muchachas, cuando su noviazgo culmina con el compromiso. Él, adusto, vestido con seria adustez, a la manera clásica de los ejecutivos o políticos de altos vuelos, en ciernes.
Chelsea Clinton y su novio de muchos años, Marc Mezvisnky, contraerán nupcias el sábado, en Rhinebeck, Nueva York.
“Pero los detalles de la lista de invitados, permanece en secreto absoluto”. Lo más probable es que usted, no figure en la lista. Tampoco yo.
Nacida en Arkansas, educada en Washington, Chelsea vive en Nueva York, donde ha estado trabajando en una fundación filantrópica y, recientemente obtuvo su maestría en la Universidad de Columbia. Siempre se ha movido en el pináculo de la política, debido a la eminencia de sus papás, pero ella ha sabido depurar, toda intención vesánica, de los interesados en mostrarla frívola: con una actitud discreta.
Jamás ha accedido a dar entrevistas.
Una vez rompió el silencio, ante la insolencia de una mujer de los medios que le gritó, para que todo el mundo escuchara, sobre el escándalo escenificado por su padre Bill, cuando éste, siendo presidente, se enredó con una becaria de la Casa Blanca. Hillary estaba en campaña para tratar de ganar la candidatura a la presidencia. Al oir el nombre de Mónica Lewinsky, relacionándola con su padre, la joven se detuvo para dejar bien claro, su forma de pensar: “Es mi mamá la que busca ser presidenta, no mi padre. Debes preguntarme, entonces, sobre ella, y nadie más”.
Alguien con autoridad para hablar sobre la forma de ser de Chelsea, lo es Millie Martini Bratten, editora en jefe del magazine “BRIDES”. Al ser abordada, fue escueta y clara: “Estamos hablando de alguien que despierta curiosidad en el pueblo, y la cual no dá motivos para despertar esa curiosidad”.
El novio es del círculo político financiero de Estados Unidos: Su madre, Marjorie Margolis-Mezvinsky, fue senadora por Iowa, y está divorciada del padre de su hijo, Ed Mezvinsky, eminente empresario que purgó cinco años de cárcel, por fraude.
Chelsea es hija de una de las parejas más famosas en el mundo, posee una magnífica educación y ha sabido desenvolverse con prudencia, mesura, con real y verdadera circunscripción, en el círculo en el cual le tocó vivir durante su pubertad, adolescencia y juventud. Ya tiene 30. Él, 32.
La chinchorrería, el bochinche, para utilizar el término recién rescatado, se circunscribe a indagar, quiénes serán incluídos en la lista de los 400 o 500 personajes más eminentes del planeta, a los cuales se les correrá la distinción de ser invitados. Por ejemplo, para restarle solemnidad a la boda de la treintañera, se habla enlos círculos de Washington de que, es difícil los Clinton se decidan a invitar al presidente Barak Obama. Y tampoco a Oprah. Con lo cual tratan de dar a entender, o peor aún, lo dicen con claridad, que la familia Clinton es segregacionista.
Entre los probables, se habla de Vera Wang. Tal vez de Oscar de la Renta.
No se sabe con certeza si se casarán mediante el rito judío, él lo es. O será una ceremonia con ritual metodista-bautista, para estar acordes con la creencia religiosa de los papás de ella.
Tampoco se sabe, no hasta el miércoles 28, cuando golpeteo las teclas de mi vieja Olivetti, si la recepción nupcial tendrá lugar en el elegante Grasmere, o en la mansión de los Clinton, alquilada a Toni Martin Sosnoff.
Lo único dado a conocer, hasta el miércoles de marra, es el nombre de la villa suburbana de Nueva York, donde Chelsea Clinton Rodham, se desposará con su novio de hace muchos años, Marc Mezvinsky: Rhinebeck.
Ni siquiera ha trascendido quién tendrá a su cargo la preparación del regio banquete nupcial, ni que orquesta, sinfónica o grupo, se encargará de amenizar la recepción.
Y, por suspuesto, muchísimo menos se sabe quiénes han sido invitados para asistir a la boda de una dama, en su verdadero sentido, que habiéndose desenvuelto desde púber en la ciudad de los cabilderos y los representantes políticos más temidos del país, lo hizo con seriedad y discreción.
Es probable que, a la hora dispuesta por usted para seguir mis mal pergeñados renglones, ya se haya descorrido el velo del secreto mejor guardado, hasta ahora, en relación con una boda:
¿Quiénes son los invitados?
No creo que les hagan llegar las eminentes que no figuran en la lista, la disculpa socarrona de los periódicos del miércoles en USA: “Usted está cordialmente, NO invitado a mi boda”, Chelsea Clinton.
POST-DATA “El servicio de hipercable es caro y pésimo, dígalo”.- Ya lo hice.
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